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jueves, 3 de marzo de 2011

falté


hoy decidí faltar a la oficina. mandé parte de enfermo. espero que en la full de libertador y josé ingenieros me extrañen. aunque igual, los muy desalmados, dejan que cualquiera se siente en mi lugar.

pero bueno, falté. en verdad, no tenía tiempo para ir. las mañanas las tengo ocupadas con mi papel de padre; y ahora debo ir a hablar con la persona a la que le pago para me que escuche hablar. me esperan 45 minutos. para eso me vine al centro. dejé el auto en lisandro de la torre. toda una decisión. ¿hasta dónde llegar con el auto y valerse del transporte público para ahorrarse unos buenos mangos? antes, llegaba hasta tagle y libertador y sus alrededores; pero es para ir bien temprano, no al mediodía. lo mismo pasa con la isla: no se puede llegar pasadas las 10: no encontrás un lugar ni en pedo.

lo iba a dejar a la altura del tupper del décimo piso de la calle ugarte. pero de sólo pensar que tenía que volver hasta ahí para buscarlo, me deprimió. y como sé que a las 16.30 quizás salga en modo bajón de ver a la persona a la que le pago para que me escuche, pensé que serían dos restas terribles para mi atribulado espíritu.

para matizar la espera hasta que sea la hora de mi cita, estoy en café martínez de cerrito, casi arenales. no me gustan los cafés martínez. me parecen malos (los cafés no son gran cosa en café martínez) y caros. entonces tomo una coca cola. pero algo bueno tienen: buen wi fi. un cuadro me recuerda sus valores. que son bastante discutibles. pero no estoy con ánimos de pelear. esa etapa mía ya pasó.

hoy sería un excelente día para ganar la ruta y desaparecer por unas buenas horas. quizás lo aplique mañana. debo ir a un lugar no muy lejos, digamos que, como máximo, 150 kms. lugar que tenga una ypf, con full y con wi fi. ¿a dónde podría ir?

viernes, 4 de febrero de 2011

almuerzo en la ypf

Tengo varias cosas para elegir. Pero a veces, como hoy, estoy en contrera al pedo. Y entonces me pido un café doble. Que no es rico. Aunque ya no sé lo que es rico. Creo que mi buen gusto cafetístico se murió en el año 1999, más o menos. Yo trabajaba en un diario y antes de entrar, al mediodía, leía el Clarín en un bar de la esquina (Paseo Colón y Pasaje algo, no me acuerdo). Y el bar era de mala muerte. Pero bueno, nunca había nadie, estaba el diario disponible. Y se podía fumar. Y entonces llegaba y el mozo que atendía (que muchas veces era el dueño) me miraba y ya pedía el café. Eso es impagable. Digo, lo de entrar a un lugar y te adivinen el pedido, la confirmación de convertirse en un parroquiano. Si viviera en un pueblo perdido de España, digamos, cerca de Valencia, quizás, con el tiempo, ya hubiera empezado a ser una cara digna para esas fotos del tiempo muerto, de esas caras que los fotógrafos *serios* buscan cuando no tienen nada que hacer y buscan *rostros de verdad* para explicar la geografía humana de un país. Y que en el fondo no son más que tomas en primerísimo primer plano de gente que está, como yo ahora, al pedo.

Y entonces me acuerdo de que el café de ese bar era horrible. Feo. Asqueroso. Pero era el lugar lo que me llevó a que me gustase. Y entonces siempre me encantó ese bar, que tenía una barra de décadas, con acolchado y botellas de Criadores y de Legui y de Añejo W y de licores Mariposa contra el espejo posterior. Y que cuando alguien pedía un bife o algo así, el humo salía desde la cocina invadiéndolo todo. Hasta mi café feo, pero que para ese entonces, ya era *pintoresco*. O sea, rico.

Es hora de almorzar acá. Y entonces aparece lo mejor de la fauna de esta Full de José Ingenieros y Libertador. Las milfs del barrio. Que como estamos en zona de influencia de los dos grandes baluartes del corredor norte (partidos de San Isidro y Vicente López) está constituida por mujeres lindas. Que están buenas. Y que les gusta hacernos saber que están buenas.

Y con ellas almuerzo. Está bueno.